LA
ÚLTIMA CENA
En
un ensombrecido comedor trece demonios danzaban alrededor de mi cabeza, esta
vez me sentí solo, aunque no lo estaba. La luz de la luna me ponía de malhumor,
mis ojos se volteaban sin que yo se los ordenara, nadie quiso brindar conmigo,
así que llene la copa hasta derramarla, a mí nadie me deja hablando solo y
sonreí al ver a la familia de mi esposa guardar silencio, los vi padecer,
estaban tiesos, boca arriba y babeaban espesamente. Bastó con una sola
cucharada de sopa, se los dije, se los vuelvo arrepentir... ¡Soy un pésimo
chef!
LA PALOMA NEGRA
Una
vez, en una pavorosa medianoche, mientras yo recapacitaba, enfermizo y fatigoso,
sobre un gran grueso libro de extrañas páginas de un amor olvidado,
mientras estaba cabizbajo, casi
adormilado, de repente hubo unos golpecitos, como de alguien que llamara
dócilmente, llamara a la ventana de mi habitación. Abrí la ventana del todo, de
pronto entró una negra paloma que se asentó sobre mi viejo armario. Llevaba en
una de sus patas un mensaje, dejó que leyera el mensaje, era una carta de
Amanda, mi amada. Mis ojos recorrían linealmente cada palabra, me llene de una
aterradora ira, sus palabras me decían que ya me había olvidado, la paloma
seguía ahí, como burlándose de mí, la atrape fuertemente hasta desprenderle su
pescuezo, la abrí con mis propias manos, sus vísceras salieron apresuradamente
regándose por el suelo, estaba agitado, de pronto oí la voz de mi esposa, odio
esa voz, tome el hacha que guardaba en el closet donde estaban todos mis trajes
y espere a que entrará.
EL VIGILANTE
Primera
noche como vigilante, me toco cuidar un colegio público, prendí la linterna y
camine por los corredores de la institución, hacia frio y de repente escuche un
grito, parecía un grito de una mujer, no se escucho más, hasta que pase cerca a
un salón y se oyó nuevamente el grito,
como si estuviera pidiendo auxilio y lo peor era que se oía adentro del salón, ¡estaba
con llave! Decidí entrar y al abrir el salón quede perplejo, observando a una
joven estudiante como un hombre la violaba, le pegaba y la torturaba hasta
matarla. No podía hacer nada puesto que estaba inmóvil como si una fuerza
extraña no dejara que pasara, solo podía observar, tenía tanta ira por aquel
hombre de elegante vestidura y de rostro caritativo fuera un desequilibrado.
Abrí mis ojos y ya había amanecido, empezaron a llegar los estudiantes y
reconocí entre los estudiantes al hombre que torturo a la joven, era un
profesor.
EL DESPERTAR DE ANA
No
me explico porque mamá nos abandono, por ello mi hermana Ana enfermo, entró en
coma, lleva meses así, una enfermera la cuida mientras yo me voy a estudiar,
papá consiguió rápidamente pareja, ni intento buscar a mamá, cuando despertara
Ana, la extraño demasiado. Me siento junto
a ella, oigo su respiración, le cuento cosas que me suceden en el colegio, yo
se que ella me oye, despierta Ana,
despierta... papá ya consiguió otra mamá, de pronto Ana despertó bruscamente,
estaba agitada y sus ojos eran enormes. Se bajó de la cama, no pronuncio
ninguna palabra, solo camino hacia el lugar en donde guardan las cosas viejas,
yo la seguí, atrás de las cosas viejas había una puerta secreta, intento
abrirla, empezó a ofuscarse, golpeaba la puerta con su cabeza, se pudo abrir,
encontramos un esqueleto atado y llevaba puesto el mismo vestido de mamá, su
anillo, fue aterrador, tembló Ana y tristemente señalo a papá.
CUERVOS DE MEDIANOCHE
Sara aun era joven y quería divertirse
pero tenía que olvidarse de fiestas y preocuparse más por cuidar de su mamá...
—Hija, puedes ir a bailar pero debes
llegar antes de la medianoche.
— ¿Por qué mamá?
—O sino los cuervos me comerán viva
por dejarte ir, prométeme que llegaras temprano.
Sara se lo prometió aunque no
entendía. Todas las noches salía a bailar y llagaba antes de la medianoche pero
un día Sara sintió ira a causa de su madre que la tenía controlada y pensó que
le mentía, así que decidió llegar después de la medianoche. Al llegar vio que
las dos ventanas estaban abiertas y miles de cuervos se devoraban a su mamá sin
compasión, grito... un ojo empezó a rodar por el suelo, un dedo se desprendía y
la sangre se salpicaba en las paredes, los vecinos se asomaron y encontraron a Sara con el hacha en la
mano.
A TRAVES DEL ESPEJO
Después
de la muerte de mamá todo cambio, encerrado en mi habitación, eso a mi hermana
Emily no le importaba, quizá le alegraba verme encerrado y no dejaba que
entrara a la habitación de mamá. Nunca
supe cómo murió, solo sé que el día de su muerte la sacaron cubierta con una
sábana blanca y la sangre se expandía en ella. No obedecí, entré a la
habitación y lo único que había era su cama y su enorme espejo favorito,
me mire en el espejo y sentí una extraña atracción hacia el espejo. Empecé a ver a
través del espejo a mamá que reía sobre
su cama, luego entró Emily y la beso. Comenzó a taparle la boca y saca un afilado
cuchillo y en el momento preciso la degolló. Paso tan rápido que no pude hacer
nada, grite desesperado a tal punto que quebré el espejo, inmediatamente entró
Emily y la mire con ojos de asesino.
EL CUADRO DE MARIA ELENA
Miro aquel cuadro grande que
cuelga en mi habitación, no puedo ver sus ojos negros y lucidos, sus labios
gruesos y rojos sino un rostro perverso que me ordena cada medianoche que mate
a todas mis amantes a causa de que por ellas mi María Elena murió, no fue mi
culpa engañarla una y otra vez, la culpa fue de aquellas mujeres que vieron en
mí, lo que no vieron en sus esposos. Mi amada María Elena se había quemado viva,
su cuerpo ardía en silencio mientras la
veía como aquellas llamas la envolvían de pies a cabeza, apretaba el dolor y solo su piel se derretida
como una vela, quise ayudarla pero ya su belleza había quedado en cenizas. Ese
humo negro que se expandía junto con el olor nauseabundo de su carne que se
mezclaba con el aire. Baje al sótano donde
otra mujer se quemaba, se llamaba María Elena, también fue mi
amante.
EL SUEÑO DE LEON ICAZA
Como
podrán ver mi nombre es León Icaza, profesor de filosofía y muy fanático de
Emanuel Kant. Siempre todos los domingos en horas de la noche me dirijo a la
tumba donde yace mi hijo, murió en circunstancias extrañas y nunca supe porqué
me contradecía si mi teoría sobre Emanuel Kant era brillante. Le llevé flores y
empecé hablar con él, lo contemplaba mientras me fui quedando dormido. De
repente, abrí mis ojos de una forma brusca, aún seguía oscuro pero algo
sobrenatural empezó a suceder: los muertos comenzaron a salirse de sus tumbas,
pero eso no era lo extraño, era que de cada tumba salían dos muertos, uno de
ellos era el asesino y cada uno los
enterraba nuevamente, mi hijo también salió de su tumba y con su piel
desgarrada me miraba, atrás de él, salió otro hombre... inmediatamente
desperté, ya era de día, caminé y recordé aquel hombre, lo había reconocido:
era yo.
EL BESO DE ISABELA
Soy
Antoine un aclamado estudiante de derecho y no hay mujer que se me resista, eso
pensaba cuando conocí a Isabela, mi vecina. Su semblante suave que mostraba una
timidez que llanamente me enamoraba a cada momento de su existencia. Sus labios
pequeños y finos como si nunca hubiese besado a nadie. Siempre andaba sola. Una noche la invite a
salir y ella acepto, le dije que por que andaba tan sola, no me contesto, le
insistí, pero su mirada mostraba cosas ocultas que quise descubrir. Esa misma
noche y a su menor descuido la bese, Isabela se resistió pero no la deje, quitó
sus labios bruscamente y me miro a atemorizada mientras empecé a sentir que mis
labios se partían y mi nariz sangraba, sentí tanto dolor que llore y mis
lágrimas ardían. Comencé a palpar los huesos de mi rostro, completamente era un
esqueleto y lo último que escuche de Isabela fue... “ahora sabes porque ando
sola”.
LOS SEPULTADOS
Fui
en pos de mi mejor amigo para llevarlo a que se tomara una copa de vino, tenía
puesto un disfraz de un escalofriante esqueleto puesto que trabajaba en un
restaurante de comidas rápidas. Además, era Halloween. Hablamos de las
vivencias que jubilosamente construimos en la universidad, pude graduarme, en
cambio mi amigo fue un total fracaso, le dije que se quitara ese ridículo
disfraz y camináramos ebrios por las sombrías calles y nuestras lágrimas
llanamente eran de recuerdos. Cantamos, reímos hasta llegar al campo santo,
allí los muertos descansan y yo procuro
no hacer tanto ruido. Había un vetusto ataúd abierto, en contados segundos introduje
a mi amigo en aquel sarcófago, estaba tan ebrio que solo reía, para mí no era
divertido. Lo encerré y luego comenzó a gritar mientras lo sepultaba, me
gustaba escuchar su grito, era emocionante, después ya no se escucho mas, ya
estaba sepultado junto a los demás que también fueron algún día mis amigos.
INOCENCIA
En una noche de lluvia el detective
Petriakof llego a la mansión Toboso, recorrió un abrumador pasillo, se adentro
en el dormitorio que aún estaba en penumbra, y halla el cadáver de Joaquín del
Toboso y junto a él estaba su sobresaltada esposa.
— ¿Cómo sucedió?— dijo el detective.
—Él se suicido, detective— responde la
alterada mujer.
El cadáver estaba de cara al suelo, el
detective lo voltea cuidadosamente, lo examina durante varios minutos...
—Qué extraño, hasta hora no he visto un
suicidio con tres balazos.
— ¿Qué me quiere decir?
— ¡Que debió darle solo un balazo!
EL CAMINAR DE DEVORA
Devora era una mujer muy hermosa que amaba profundamente a su pareja pero un día empezó a deambular, llevaba puesto un largo vestido blanco que se arrastraba contra el suelo y en su mano empuñaba un enorme cuchillo y enloquecida se había cortado las venas mientras la sangre caminaba con ella. No podía creer que su amado que tanto quería la hubiese engañado con su propia hermana, ahora estaban llenándose de pasión en el mismo hotel donde se entrego. La sangre inundaba sus manos y caían en el camino junto con sus apacibles pasos hasta que su cuerpo se pusiera pálido y empezara a morir muy lentamente en la carretera. Su amado y su hermana salieron del hotel y estaban
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