MUTACION
Cuando
Fabricio percibió la luz del amanecer que atravesaba su ventana, cual toco su
rostro, avivado, sin comprender, se esconde en el lugar más oscuro con extrema
rapidez cubriéndose de las cosas vetustas que estaban guardadas por siglos.
Sentía un leve fastidio por la luz y desconocía lo que pudo haber producido
aquel cambio. Sin embargo, su labor como vendedor lo impulsaba a salir del
lugar y contra su voluntad dio pequeños pasos hacia donde se hallaba sus
utensilios que debía vender por ese día. Llaman a la puerta, era la vecina, que
gustaba de Fabricio pero sin una mínima oportunidad que le correspondiera. Con
una voz queda le respondió que no quería ver a nadie, y lo peor era que tenía
que llevarle el periódico a su jefe, así que con mayor es fuerzo salió de su
miserable apartamento pero siempre
buscando un lugar oscuro. Huía de todo, hasta de las personas que e intentaban
acercarse. Ya estando en la calle invadido de individuos que caminaban de una
dirección a otra, sus pasos eran rápidos y se escabullía sin el menor problema
pero siempre presto por si alguien quisiera atacarlo. Al meterse la mano al
bolsillo de su rustico pantalón en vez de sacar el dinero para comprara el
periódico de su jefe, saca una famosa plaga domestica de color pardo negruzco,
ronda con rapidez por su brazo y se esconde nuevamente dentro de su camisa un
poco amplia.
- Linda
cucaracha – le dijo el señor del periódico.
- Eh...
creo que el dinero debe estar en mi otro bolsillo.
Y
así, sigue preguntándose de lo que le estaba ocurriendo, las ganas de ocultarse
en lugares nauseabundos donde no haya
una inapreciable existencia de luz. Al leer el encabezamiento excesivo que
decía: “MOSTRUO INQUIETA A LA CIUDAD”, una gran fotografía casi cubría la
totalidad de la primera plana del periódico que por ese momento era el más
vendido, en efecto, una monstruosa figura que por cierto no se podía ver
ávidamente lo realmente que era, pero la
conclusión sumisamente resultaría ser la existencia de algo sobrenatural. En
fin, después de que Fabricio trabajara ocho horas, agotado, ya casi
anocheciendo y aun más enérgico empieza dentro de su apartamento a ver cambio
en su cuerpo, comienza a trastabillarse y lo primero que le sale a la
superficie son unas antenas muy largas, su cuerpo se aplana en forma ovalada
cuya cabeza crece con un perfil triangular. Al bajar la cabeza ve la figura
ovalada que toma un color negruzco y empieza a poseer piezas bucales
masticadoras muy desarrolladas. Unas delgadas alas salen de su vigorosa espalda
mientras que sus brazos y pies se transforman en patas largas y espinosas.
Trepa las paredes con su grotesca figura y camina con rapidez hacia la gran
ciudad... continuara
GUADALUPE Y EL SICARIO
Bastará
decir que soy Leonardo, el sicario que mató al ex senador y a su hija; supongo
que el asesinato esta en el recuerdo de todos y que no se necesitan mayores
explicaciones sobre lo que sucedió, porque aún su sangre recorre en mi
conciencia.
Aunque
ni el diablo me perdone sabe que es lo que ha de resonar la gente, que hay
personas que se sienten basura humana. En realidad, es mi obligación contar lo
que ha ocurrido desde lo más profundo del abismo y entre las llamas del averno
donde todavía se puede escuchar una voz de perdón.
Me
había apartado del camino de la bondad desde los dieciséis años, para disimular
un poco trabajo en los buses vendiendo calcomanías que llevan mensajes
románticos ya que el amor siempre girar en torno a nosotros. En la mayoría de
los días terminaba mi trabajo a las siete de la noche pero esta vez termine un
poco tarde y creo que había escuchado un grito de auxilio de extrema dolencia,
quise observar que era lo que pasaba y lo que halle fue a tres muchachos que
intentaban abusar y robar a una inofensiva universitaria, lo sabía por su ropa,
no era de hombres hacerse el ciego como mucha gente lo hace y por suerte ese
día llevaba el fierro conmigo; dispare al aire e inmediatamente huyeron como
cobardes que eran. Me acerque un poco para ver si aquella universitaria se
encontraba bien, se levantó y su rostro era hermoso y vi en sus ojos algo que
jamás había visto. Ella asustada me abrazó, estaba tan atemorizada que no le
importó que fuera un desconocido, para ella era un héroe y sin perder el tiempo
le pregunte su nombre, su nombre era Guadalupe como la virgencita que traía
siempre conmigo por si alguien quisiera tomar venganza por las personas que he
matado, que por cierto buenas personas no eran. Guadalupe a simple vista era
una muchacha de clase alta y por no molestarla mas no quise preguntarle que
hacía por ese lugar tan peligroso; la acompañe a coger el taxi y todavía seguía
abrazándome, al despedirme me dijo algo que me dejo inmóvil y a la vez erizado,
algo como... ¡regálame tu numero! Aún no lo creía pero era cierto, se lo di sin
pensarlo dos veces. Me dio una sonrisa de esas que lo emboban a uno dejándolo
sin respirar aun peor sin palabras, pero ella no sabía que yo era un sicario y
de los buenos, tenia aquella mascara que escode lo realmente que somos. Sin
embargo, tenía mi corazoncito que por faltas de oportunidades escogí un camino
que jamás pensé cogerlo; lo sé, mis manos están manchadas y en las noches
escucho voces dentro
de mí vísceras que no me dejan descansar, quizá son sombras que duermen sobre
mí. Antes de que saliera el sol habían tocado la puerta, suponía que era el
nuevo contrato que tenía pendiente: ¡era hora de matar al ex senador! Y solo
poseía de un mes para planear el golpe más ambicioso en la historia de la
política. Durante aquellos días tuve la grata sorpresa de que Guadalupe tuviera
la molestia de llamarme a que fuéramos a caminar por el parque; me estaba
enamorando puesto que me sentía bien estando junto a ella, me hacía reír
teniendo la oportunidad de estar con alguien de su altura, Guadalupe sabía que
yo era pobre mas no sabía que era sicario, pero no pensaba nada de eso, sólo en
los besos que nos dábamos detrás de los árboles. Quería dejar el pasado y volverme
bondadoso para ya no lastimar a nadie y así, mirarla fijamente a los ojos. Este
era el último crimen que yo debía de cometer, después de eso me dedicare de
lleno a mi nueva relación y buscare un buen trabajo decente, por supuesto
terminare mis estudios y seré alguien en la vida. El amor me estaba cambiando a
medida que pasaban los días y se derretía el hielo que había en mí, llenándome
de sentimientos que me hacían ver que la vida no era tan cruel. Había llegado
el día, todo estaba listo, sabíamos sus rutas y su ubicación, solo tenía con él
a dos escoltas y yo debía matarlo mientras que mis dos compañeros se encargaban
de los otros, y así fue, mis balas perforaron su oscura ventanilla, no pude ver
su rostro pero yo sabía que no había fallado y nos escabullimos sin dejar
rastro alguno. Fuimos a celebrar por un perfecto crimen que pondrá de luto a la
política pero yo solo pensaba en Guadalupe y como lo dije antes ese fue mi
último asesinato. La llame pero no contestaba mientras que uno de mis compañeros
nos llamaba porque el noticiero ya estaba por empezar, me tarde un poco en ir,
al llegar mis compañeros me dijeron que lo había matado junto con su hija, eso
no estaba en mis planes pero no fue mi culpa, no debió de estar con él en ese
momento, creo que su hija estaba en lugar equivocado. No quería saber más de
ese crimen, lo único que anhelaba era empezar una nueva vida junto a Guadalupe
que por cierto no volvió a llamarme, ni contestaba mis llamadas, la buscaba en
el parque en donde siempre solíamos besarnos pero los días fueron pasado, los
meses, incluso años y jamás la volví ver, ¿será que me olvidó? o solo jugo
conmigo. Ya no era el mismo de antes, andaba descalzo, con el pantalón
desgarrado y la camisa sucia; era un vagabundo sin rumbo fijo, dormía entre la
basura y aún recordaba a Guadalupe, no la había podido olvidar pero quizá ella
si me había olvidado y para siempre. “La espero siempre en el parque, sabía que
ella nunca llagaría porque nunca supe que yo la había matado”
EL RUISEÑOR
Bajo una fría noche de escasas estrellas se hallaba sentando sobre la acera un muchacho de vestimenta fina, que cabizbajo murmuraba de ira consigo mismo, lastimando su ego y amargando su existencia. Se levantó derrotado para coger un camino lleno de misterios, pero de pronto voló hacia él un hermoso ruiseñor y se posó sobre una frágil rama y bajo la rama brillaba un encantador jardín. El muchacho siguió caminando y luego escuchó una dulce voz que le dijo:
— ¡Cobarde, eres un cobarde!
Aquel muchacho sorprendido dirigió
su mirada hacia aquella frágil rama donde se encontraba el ruiseñor que movía
sus alas muy lentamente.
— ¿Por qué huyes del amor?―
volviéndole hablar con su dulce voz.
― Quien eres tú para hablarme de
amor— contestó el muchacho―. Si tan solo eres un pájaro que no sabe nada de lo
que es el amor.
—Este pájaro es el que te avisto
sufrir.
―Entonces déjame que sufra solo.
— ¿Por qué te da miedo de mostrar
lo que sientes?
—Por una simple razón, es mi mejor
amiga.
―Dile que la amas.
—No, se reirá de mí.
―Es mejor esa risa que guardar ese
profundo sentimiento.
—No, no puedo.
—Anda a esa fiesta y demuéstrale
que tú no eres un fracasado.
— ¡Sí, lo soy!
—Muchacho, tú no sabrás con que te
encontrarás al dar tu primer paso o hasta tu undécimo paso, si fracasas sabrás
que el éxito sólo se consigue visualizando el lugar a donde quieres llegar,
persiste mediante una fuerza mental que destruya el miedo a fracasar.
― ¿Cómo lo hago?
― Dando tu primer paso, enfrenta la situación… persiste aunque
creas que las posibilidades de ganar sean mínimas, como te dije antes, no dejes
que el miedo termine con tus sueños a mitad de camino.
― ¡Está bien, iré!
— Dile a tu mejor amiga que la
quieres y aunque pierdas, sentirás el sabor del éxito porque te arriesgaste contra
lo que era tu gran temor, el miedo al rechazo.
Luego el ruiseñor abrió sus
hermosas alas y voló hacia donde el muchacho, posándose sobre su hombro y le
dijo algo a su oído. Al instante el muchacho corrió lo más rápido posible hasta
llegar a la fiesta donde bailaba su mejor amiga. Vestía un traje hermoso de
color rosado, su sonrisa brillaba más que la noche y él caminaba con pasos
nerviosos en dirección a ella, que al verlo llegar, sintió una alegría, él también sintió lo mismo.
— ¿Bailas conmigo?
Ella acepto encantada y mientras
bailaban él acercó su respiración a su oído
y dijo la frase que el ruiseñor le había dicho:
—“Cierra tus ojos y veras un te
amo en la luna”.
Inmediatamente ella se retiro de
él, y sorprendida retrocedió mirándolo fijamente, sus ojos chocaron y él empezó
a temblar, ella corrió a su habitación confundida mientras que el muchacho sin
pronunciar ninguna palabra salió muy lentamente de la fiesta, fue la primera
vez que su alma pudo respirar.
—Si tan solo estuviera mi padre
vivo – murmuró – hablaría con él.
Su padre murió antes de que
naciera y por eso caminaba sumido en su profundo recuerdo, llegó a su morada
donde lo esperaba su madre.
— ¿Hijo, que te sucede?
—Me he declarado.
— ¿Te rechazó?
—No, no dijo nada.
— ¿Qué le dijiste?
—Esta pequeña frase…
El muchacho se le acerca y le
habla al oído. Minutos después su madre ensimismada pudo preguntar.
— ¿Quién te dijo esa frase?
— ¿Por qué?
—¡¡ Porque con esa frase tu padre
me conquistó!!